Cuando los taxistas insultan a su público meta

“El consumidor no es ningún ‘angelito’ (…) aquí el usuario, este usuario -que usa a esta ‘empresa pirata’ o que usa a este ‘taxista pirata’-  es un déspota abusador”.

Con estas palabras describe Rubén Vargas, líder del gremio taxista, a los usuarios de la plataforma Uber, es decir, a consumidores de un servicio de transporte que -le guste o no- rivaliza con el que representa.

Los usuarios de estos Uber -y la criolla Nova, si se quiere- son los mismos que dejaron de usar los taxis rojos. Y sin ahondar en las diversas razones que los motivan, lo que es claro es que han percibido de parte del gremio taxista el mismo desprecio que su líder espeta.

Para sus ex-clientes este tipo de comportamientos no es nuevo: también sobrevivieron a “marías” alteradas, negativas a realizar viajes cortos, uso de rutas ineficientes y unidades en mal estado, por mencionar algunas de las quejas más comunes.

Lo que sorprende -y de sobremanera- es que este líder de taxistas insulte a quienes son sus antiguos o potenciales clientes. A esos que quiere que regresen, que usen sus servicios y se olviden de las plataformas tecnológicas.

Es que Vargas no se ha dado cuenta que los usuarios de Uber, esos consumidores que no son ‘angelitos’, son los mismos que antes tomaban los vehículos de placa T. Pero los dejaron… porque no los satisfacen, porque encontraron un mejor servicio.

¿Y cómo les pide que regresen, si los insulta?  “Déspota abusador” no es precisamente un piropo o una ofrenda de paz.

Sin voz, ni voto

Las temerarias afirmaciones de Rubén Vargas se dieron en el programa Matices, de radio Monumental 93.5, en una entrevista con el periodista Randall Rivera este jueves.

El líder de los taxistas reaccionó agresivamente contra sus potenciales usuarios porque, esa misma mañana, las dos asociaciones de consumidores vigentes del país (Consumidores de Costa Rica y Consumidores Libres) pidieron formar parte de eventuales mesas de negociación sobre transporte público y plataformas de movilidad.

Y a Vargas pareciera que eso no le gusta. “¿Cómo se atreven los representantes de los consumidores -esos que pagan los viajes y necesitan el servicio- a pedir un lugar con voz y voto en una negociación?”.

Debe ser impensable, cuando lo que pretende es hacer una “mesa gallega”: que se prohíba el uso de Uber y que el Gobierno les regale una plataforma propia.

Esas pretensiones no son elucubraciones retóricas. ¡En verdad eso es lo que quieren!

“Tanto el señor ministro (de Tecnología, Luis Salazar) como su viceministro (de Telecomunicaciones, Edwin Estrada) pusieron a disposición sus despachos, nos ofrecieron que a través de ellos se pueda crear una plataforma en donde nosotros podamos dar el servicio a través de redes a todos los usuarios de transporte público de este país”, dijo alegremente Gilberth Ureña, vocero del Foro Nacional de Taxistas al medio digital CRHoy.com.

La ilusión, sin embargo, les duró poco. El mismo día que lo anunciaron, el ministro de Comunicación, Juan Carlos Mendoza, les mandó a decir que el Gobierno no se puso a disposición de los taxistas para crearles un App que les permitiera hacer frente al servicio de Uber. El tema ni siquiera fue parte de los acuerdos.

Las palabras cuentan

Si algo ha caracterizado todo este proceso -desde la convocatoria a bloquear carreteras, el pacto con el gobierno y las posteriores declaraciones a la prensa- es que el léxico que utiliza el gremio de taxistas tiene una fuerte carga semántica.

“Servicio de transporte irregular”, “empresa pirata”, “taxista pirata” … así se han referido a la plataforma con la que 21.000 costarricenses han percibido algún ingreso por haber transportado a unos 800.000 usuarios en algún momento de su vida, según el semanario El Financiero. Una actividad de la que se alimentan familias, que sirve para pagar estudios o para salir de apuros a miles de costarricenses.

Pero hasta el momento lo más grave ha sido cuestionar el derecho legítimo de escoger y haber llamado a los usuarios de Uber “déspotas abusadores”.

“Esas afirmaciones solo demuestran que el liderazgo de los taxistas no ha entendido que el mal servicio y mal trato es justamente lo que ha favorecido otras alternativas como Uber”, ejemplificó muy bien el diputado oficialista Enrique Sánchez, cuando se le consultó sobre estos calificativos.

Precisamente Sánchez espera revivir un proyecto de ley del exdiputado Franklin Corella para formalizar la operación de Uber y todo lo que esto conlleva: obligaciones, cargas sociales, impuestos, etc.

Lo que no se extraña…

Lo más difícil para los taxistas -se vaya Uber, o se quede- será recuperar la confianza de quienes fueron sus clientes y se decidieron por abandonarlos.

Pareciera que la merma en su facturación no ha sido señal suficiente de que los usuarios estaban insatisfechos, enojados, frustrados y hasta ofendidos.

En este pulso Uber sigue llevando ventaja, porque los líderes de los taxistas insisten en mostrar la peor cara de un gremio en el que también hay personas honradas, amables y trabajadoras.

Quienes encabezan estos movimientos no entienden que los tiempos cambian, que los consumidores ahora tienen mecanismos para empoderarse y para elegir nuevas soluciones. Quedarse en el pasado y exigir gollerías no solucionará el problema.

Encontrar modelos de convivencia, con altos estándares de calidad y con visión de futuro es la única solución posible a este conflicto. Y la voz de los consumidores es fundamental.

“El cliente siempre tiene la razón”, decía Harry Gordon Selfridge a inicios del siglo XX. “Quien paga manda”, diría un consumidor en tono de líder gremial.

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